¡Somos pacífico!

¡Somos pacífico!

El Petronio Álvarez, festival de la música del pacífico, es un evento que refleja los colores, cultura, alegría y tradición que se esconde detrás de un género musical que aún pocos le prestan atención y cuyo legado es Patrimonio de la Humanidad.

Para entender mejor el trasfondo detrás de este evento y el valor del género que promueve, hablamos con Luz Adriana Betancur, secretaria de cultura de Cali, quien vela todos los días junto a un inmenso equipo de trabajo por asegurar que el festival se lleve a cabo cada año, por preservar esta tradición y por ayudar a las agrupaciones que participan a salir adelante.

Amarilo - ¿Cuál es el origen del Petronio? ¿Por qué se creó?

Luz Adriana Betancur – El festival Petronio Álvarez, hace 21 años, fue creado por un grupo de caleños, entre ellos Germán Patiño. Él era historiador y, en ese momento, también era director de cultura del Valle del Cauca. Al haber conocido algunas de las agrupaciones del Pacífico como Markitos Micolta o Hugo Candelario, empezó a valorar lo que eran los sonidos de esa región, por lo que decidió hacer un festival con la intención de visibilizar una música desconocida hasta ese momento en Colombia y cuya manifestación era escasa. A partir de ahí, empieza un trabajo de protección de patrimonio y de rescate de esas tradiciones a través del festival.

A - ¿Quién era Petronio Álvarez? ¿Por qué se llama así el Festival?

LAB - Petronio Álvarez era un maquinista de ferrocarriles. Él manejaba el tren que salía de Buenaventura (su ciudad de origen), pasaba por Cali y llegaba a Bogotá y, además, era músico. Interpretaba la guitarra y componía canciones que todos identificamos como “Bello puerto del mar, mi Buenaventura, donde suspira siempre la brisa pura”. Una canción que para los vallecaucanos es como un himno después del oficial. Es por eso que el festival le hace honor a este compositor que le cantó a Buenaventura.

A - ¿Cómo ha evolucionado el festival con el tiempo?

LAB - De lo que comenzó hace 20 años que era un encuentro de músicos, pasó a ser una inquietud de preservar y difundir una música desconocida. Por temas de espacio y capacidad el festival cambió de lugar en lugar hasta que, en 2016, se escogió la Unidad Deportiva Humberto Galindo, la cual se adecúa con un gigantesco escenario, 70 cocinas de comida tradicional y 50 stands de bebidas típicas. También hay puestos de artesanías, moda y belleza afro, donde se pueden hacer trenzas, comprar turbantes, túnicas y ropas coloridas. Llamamos esta zona “Ciudadela Petronio Álvarez”, en la cual hemos podido integrar toda la tradición del pacífico. Así mismo, hay un espacio pedagógico llamado “Quilombo Germán Patiño”.

De esta forma el festival ha ido creciendo en área y cantidad de gente pero también hemos compartido un conocimiento y dado un reconocimiento a la tradición. De hecho, creo que lo más importante fue que en el 2015 la UNESCO reconoce a las músicas del pacifico y a la marimba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo que nos da una responsabilidad adicional a quienes realizamos el festival.

A - En general, ¿el festival tiene una asistencia más colombiana o también hay extranjeros?

LAB – Contamos con muchos turistas. Este fenómeno lo conocí el año pasado cuando también era secretaria de Turismo y me di cuenta que en la época del festival todos los hostales estaban llenos de europeos y norteamericanos. Ellos vienen a vivir la experiencia Petronio Álvarez, pues es una música que no es sólo para oír y bailar, sino que también es un espacio donde se abraza, se conversa y se conoce gente nueva. De hecho, nos enorgullecemos porque a pesar de tener tanta gente festejando y tomando bebidas alicoradas, no hemos tenido en la historia del festival ni una riña, ni disturbios, ni peleas. Es una armonía absoluta, a tal punto que el periodista Pirry dijo que “esta es la Colombia ideal que todos soñamos. Donde somos interétnicos, tenemos todos los colores, razas y culturas”.

A - Para aquellos que aún no son familiares con este género, ¿cuáles son los principales ponentes? ¿A quiénes recomendaría que escuchen?

LAB – En primer lugar está Hugo Candelario y su orquesta Bahía. Él es capaz de interpretar la marimba tradicional sin atemperar y temperada (hace referencia a si el instrumento está afinado o usa el sonido original, sin intervención alguna). Después está la Herencia de Timbiqui, de quienes recomiendo escuchar los orígenes ya que están más arraigados a la música típica. Muy importante también es Nidia Góngora, cantautora extraordinaria. Recomiendo igualmente grupos como Canalón, Socabón, Cueros y Chonta, el grupo Rancho Aparte que interpretan más el ritmo de la chirimía y han ido al WOMEX (una de las ruedas de negocio de música más importante del mundo), y la Jagua de Popayán que asombran fusionando sonidos tradicionales pero manteniendo un respeto hacia ellos.

A – Este año el festival le cantó a la mujer. ¿Por qué se tomó esta decisión? ¿Qué significa esto?

LAB – Cada año les rendimos un homenaje a las personas que contribuyeron a la preservación y conocimiento de la música del pacífico. Sin embargo, por lo general esta distinción es entregada a hombres, exceptuando a la Negra Grande de Colombia que se condecoró en el 2010. Es por esto que se propuso visibilizar a la mujer y, este año, cuatro cantautoras aún vivas fueron homenajeadas. Estas son: Julia Estrada de Buenaventura; Zully Murillo del Chocó; Eva Pastora Riascos de Nariño; e Inés Granja del Cauca.

A – Para terminar, ¿qué sentimiento se transmite o despiertan en los asistentes al festival?

LAD - Fraternidad. Convivencia. Alegría y armonía. Es lo que uno ve allí. Para nosotros es un orgullo saber que estamos contribuyendo a unos de los encuentros culturales humanos más hermosos que puede tener el país. Es aprender a conocer y valorar esta música y cultura afro que comparte amor y espiritualidad. Es un festival de cinco días de música para que Colombia se encuentre alrededor de algo que es nuestro. Es un espacio gigante y pacífico. De hecho, por eso decimos con honor ‘Somos pacífico’, haciendo referencia no solo a la región sino en un sentido de paz.

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